|
MARIRÍ DE PARTIDA
Dame tus pezones triunfadores:
con ellos haremos
el ARCO
ROJO de los Andes, amada
pashñacha, puka wayta punchaumiyrí.
Yo moriré luego, entonces;
y tú no gritarás, te lo prohíbo,
ni tampoco irás a la piedra de despedida,
ni dirás una plegaria a los Cóndores Ciegos.
Pero sí, con tus finos dedos
de huellas lentas
unirás tres hojas silenciosas
de coca redondas
y mirando el cielo azul
las pondrás
en tu lengua dulce.
Entonces quizá puedas darme,
desde tus negros y brillantes y almedrados
ojos
una lágrima;
y a la vez deberás sonreír
como cuando reías para mí.
Y tu dolor
ante el silencio de mi tumba
sin cadáver
debe durar solo cuatro días;
sus, yau, ruruchaymi, hay tareas que cumplir,
muchos dolores de nuestros amados pobres del maíz
que sufrir, hay;
demasiado fardo
de angustia del hombre de la fábrica
a conducir, hay,
para que Nazca el Día
por fin.
Rikuy, ñiñachaymi,
no hay mucho tiempo para el llanto,
ni hay ahora tiempo
para besar tu vientre
y frotarme en tu mejilla
de pan y anidar en tu sexo de fruta.
Pero ahora, cuando parto,
entrégame tus dos pechos,
pues soy quien siempre parte
hacia las llamas y Hoguera
y hacia los combates...
Cuzco, 28 de octubre – Pucallpa 10 de noviembre de 2006.
|